GABINETE
Miranda July: múltiple

Entrevista: Pedro Reyes

Imágenes: Cortesía M.J.

El artista Pedro Reyes conversa con Miranda July, directora de la película Me and You and Everybody We Know, acerca de sus diferentes prácticas artísticas, sus fronteras y retos creativos; sus proyectos de escultura, performance, cine y literatura.

PEDRO REYES: Si bien la mayoría de tus trabajos tanto en el cine como en la literatura o el performance, usan estructuras narrativas, quiero empezar por preguntarte sobre otra faceta de tu trabajo, que es la escultura. Recuerdo que estuvimos juntos en una Trienal en Yokohama en donde presentaste una pieza llamada The Hallway. Es una suerte de instalación muy interesante que exige la toma de decisiones por parte de la gente. ¿Podríamos hablar un poco al respecto?

MIRANDA JULY: Esa obra era un pasillo largo por el que vas sorteando una serie de letreros. Un pasillo largo y estrecho con carteles que obligan a entreverarte un poco, de modo que nunca puedes ver el final del corredor. Todo lo que adviertes es el cartel que estás a punto de pasar. Y esos letreros están escritos en segunda persona, de modo tal que ésa es tu voz, como si el texto en los carteles fuera la voz en tu cabeza y aquello que narra tu viaje por el pasillo. La experiencia asemeja el tránsito por la vida. Experimentas diferentes crisis y todo tipo de sentimientos que uno pueda tener en la vida; incluso el de renunciar a salir de ahí aunque, justo cuando crees que nunca va a concluir, termina. En realidad estoy tratando de recordar la pieza, ¿cómo acaba? Para ser honesta, creo que realicé este trabajo con la idea de comenzar a hacer más actividad participativa que no fuera un performance mío. Hago muchos performances con la participación de los asistentes. De alguna manera, quería no tener que estar allí, ¿sabes? Deseaba estar allí y hacer que las cosas fueran íntimas, pero no tener que estar presente porque, de pronto, me sentí más pública de lo que había planeado ser. Así que ésta fue una de las primeras piezas en las que, básicamente, pude realizar un performance en ausencia, pero interactuando con el público. Al mismo tiempo, se trata de una escultura para caminar al interior de ella a partir de la cual realicé otras para la Bienal de Venecia. 

PR: ¿Fue ese mismo año?

MJ: Sí. O quizá al siguiente. ¿Será que me gusta buscar formas con las que la gente ya está interactuando cotidianamente? Por ejemplo, pienso que si hay algo grande como una piedra enorme o algo así, ¿a la gente le gustará posar con ella? Se trata de ese el tipo de performance que las personas realizan espontáneamente. Ya sabes, te dicen: “tómame una foto al lado de esta gran roca”. Y pensé: bueno, si se trata de algo que va a ocurrir naturalmente, entonces todo lo que debo hacer son cosas enormes. La pieza se llama Eleven Heavy Things y consiste en pedestales y esculturas en las cuales puedes posar partes de tu cuerpo. Las piezas de la serie de pedestales dicen The Guilty OneThe Guiltier One y The Guiltiest One, respectivamente. Puedes subirte a cualquiera de ellas y asignarte una culpa en relación con otras personas. La idea partió de que el trabajo no debía consistir en las esculturas mismas, sino en las fotografías que los asistentes se toman entre ellos y que luego comparten en las redes sociales. Creo que este trabajo fue un poco mi respuesta al hecho de estar en la Bienal de Venecia, donde participaba sabiendo que es la mayor exposición de arte del mundo, aunque, por otro lado, nadie que yo conociera iba a ir. Hacía ese trabajo consciente de que, en realidad, no sería visto por nadie en comparación con otras cosas que hago y que resultan muy baratas y accesibles  —una gran cantidad de time books y videograbaciones, por ejemplo, realizadas con la intención de que resulten ampliamente disponibles.

PR: Esta circulación de una pieza en las redes sociales la quisiste llevar mucho más lejos con la creación de Somebody, una app con la que estás buscando una nueva forma de comunicación. ¿Me puedes contar un poco sobre esta pieza?

MJ: Supongo que con Somebody estaba pensando en lo difícil que es levantarse de la computadora; también en cómo el objetivo de la tecnología actual parece consistir en eliminar la necesidad de interactuar con extraños. Del mismo modo que lo ideal es que hagas clic: puedes comprar todo en línea y lo llevarán a tu puerta y no tendrás que comprometerte con la gente pobre ni con nadie. ¿Sabes lo que esto significa? Nunca ves a la gente que te está vendiendo. Y el contacto resultante de interactuar al menos con la persona que te vende algo —así sea brevemente y con alguien cuyo mundo es muy diferente al tuyo— es muy importante para mí. El compromiso con los extraños es la clave de mi vida. Y bueno, así llegué a pensar también en cierto tipo de ironía. Comprar cosas en línea, con toda la eficiencia de internet, te ahorra mucho tiempo, pero no para pasarlo con tus seres queridos o caminar en la naturaleza: ese tiempo ahorrado se gasta también en línea. Así que la app de Somebody es algo así como un portal, una forma ineficiente de enviar un mensaje. Lo envías a tu amigo, pero no llega a tu amigo, sino al usuario. Alguien que vive o está más cerca que tu amigo —probablemente un extraño— entrega el mensaje a tu nombre. Se presenta como si fuera tú. Así que si te envié un mensaje aquí en esta feria de arte, por ejemplo, un extraño podría venir y decir: “Pedro, soy yo, Miranda”, y luego te da mi mensaje. Esta aplicación introduce algo que me encanta, como la interacción fugaz con un extraño. Realmente lo disfruto. Fue muy laborioso desarrollar la app y a veces tenía que recordarme mensajes: “ah sí, esto es algo que me gusta”. Ahora la estoy rehaciendo para lanzarla otra vez.

PR: Al mismo tiempo de hacer este dot-com-startup, has dirigido varios largometrajes y escrito best sellers… ¿Cómo funciona para ti estar activa en diferentes entornos culturales y diversas economías?

MJ: Cuando veo tu trabajo o el de Harrell [Fletcher], realmente percibo un parentesco. Ustedes realizan cosas en diferentes medios. La mayoría de los artistas aún son pintores o hacen lo mismo una y otra vez. De modo que me siento influida por gente como ustedes. No hacen siempre lo mismo, pero mantienen idéntico espíritu, su mismo interés. Ése es el gozo de que los espectadores puedan pensar: “Ah, esto va a ser más bien un performance” y, en realidad, se trata de un espectáculo de títeres o un programa de televisión. Para mí, supongo, la única diferencia entre lo que hago es que quiero ir tan lejos como pueda en cada uno de estos mercados, en el mundo cinematográfico o incluso en el mundo del libro... No es todo el mundo del arte, y no se relacionan uno con otro. Tengo diferentes agentes para cada uno y, generalmente, no tienen idea de lo que estoy haciendo en las otras áreas. Simplemente no escuchan de mí durante algunos años y luego vuelvo. Pero, para ser honesta, realmente pienso en esto de la misma manera en que lo hacen Harrell o tú. Algunas de estas cosas toman mucho tiempo, años en los que es todo lo que puedo hacer, como una película o un libro. Otros proyectos son muy rápidos. Y me gusta eso, mis diferentes apuestas con cada uno de ellos. Más gente ve películas que quienes están interesados en el arte, por lo que es un poco una cuestión práctica.

PR: ¿Así que el número de personas, la audiencia que has logrado, es algo a lo que aspiras de manera intencional? ¿Considerabas que el arte, de alguna manera, era muy pequeño?

MJ: Bueno, no empecé deliberadamente en el arte. Así que es posible que, si hubiera sabido antes un poco sobre el mundo del arte, habría pensado: “Esto satisface las necesidades de...” No fui a ninguna escuela de arte, pero estuve expuesta a muchas de estas cosas gracias a Harrell, y como remolcada por él durante su educación en la escuela de arte. Él me dijo, a propósito de lo que yo hacía: “Ya estás haciendo arte, simplemente no lo llamas así”. Por ejemplo, cierto tipo de proyectos como la cadena de mensajes que realicé para la distribución de cintas de mujeres.

PR: Ahora que estaba leyendo The First Bad Man, advertí algunas obsesiones muy viejas y de pronto pensé en el bebé de uno de tus primeros videos. Olvidé el nombre de ese video en el que hay un bebé sobre una mesa. ¿Cuál es?

MJ:  Nest of Tens.

PR: En efecto, se trata de temas que pueden aparecer de diferentes maneras, pero que han estado presentes desde tus inicios.

MJ: Es cierto, siempre es agradable cuando alguien ve estas conexiones. Porque se me pierden un poco trabajando en diferentes medios. No mucha gente conecta esos puntos. Pero en cuanto al tamaño del público, creo que es posible. Crecí en Berkeley y ahí mis padres consolidaron una editorial. Ahora están un tanto retirados, pero su editorial era un nicho entre una audiencia muy específica. Así, mi educación no fue elitista en un sentido académico o financiero, pero, definitivamente, fue rara. Mis padres publicaron un libro sobre un supuesto rostro en Marte…, ¿sabes a lo qué me refiero? Se estaban ganando la vida gracias a este muy estrecho —si no es que fanático— rango de intereses muy desagradables para mí. Y aun cuando mis propias inquietudes no fueran en realidad muy diferentes de las suyas, creía que su actitud era la del tipo de gente que dice: “No puede ser que sólo algunas pocas personas en el mundo piensen en cosas interesantes”. Esto es, que hay gente inteligente, y después el resto. De modo que, en realidad, siempre he tenido un impulso más amplio, una clase de esfuerzo democrático tratando de realizar un trabajo que creía accesible, incluso si eran del tipo de tópicos aparentemente muy raros, pero que me permiten acercarme a la audiencia. Para que sientan como si estuvieran asintiendo incluso sin estar seguros de por qué están de acuerdo o lo entienden. Es un tanto difícil rebelarse cuando tus padres ya son un poco contraculturales, así que mi rebelión fue inversa. Creo que el arte y su rareza fueron súper desagradables para mí.

PR: Por ejemplo, personas como Roberto Bolaño u otros novelistas han escrito prestando atención a las conversaciones. Tú, en muchas de tus obras, has creado una plataforma para que el público o los participantes puedan contar espontáneamente sus historias. ¿Algunos de estos proyectos son algo que intencionalmente realizas para escuchar historias que puedes usar más tarde?

MJ: No, no sería justo.

PR: ¿Por qué no sería justo? ¿No hacen eso todos los escritores?

MJ: Ciertamente estás influido por lo que ves, pero nunca ha sido igual… Bueno, supongo que tienes razón. Pero no. Si he creado un personaje basado en alguien, ha sido un conocido, y me he comportado. Es gracioso, recientemente me hallaba entre algunas cajas viejas y encontré una obra de arte, un póster y pensé: “¡Guau! ¿Hice eso?” Tendría 22 años o algo así y, en ese entonces, estaba utilizando imágenes de las chicas que enviaban sus películas para el proyecto que llamé Big Miss Moviola. Las estaba utilizando para este cartel y creándoles identidades. Eran chicas reales que confiaban en mí. Y estaba un poco nerviosa, y muy contenta de que esto nunca fue a ninguna parte. Habría sido totalmente inapropiado. Chicas que tenían 12 o 13 años y, básicamente, estaba escribiendo ficción sobre ellas con sus películas. Así que en algún momento muy temprano y oportuno pensé: “esto no está bien, debe existir una distinción entre mi obra de ficción y el trabajo participativo”. Se influyen mutua, tremendamente, pero nunca de manera exacta, literal.

PR: ¿Cuánto de ti usas en tus historias? ¿Crees que son autobiográficas?

MJ: Hay muchísimo de mí. Recuerdo cuando salió mi primera película, la gente pensaba: “usted debe ser como el personaje que está actuando en ella”. Y tuve que intentar explicarles: “No. Soy como todos estos personajes; también soy el pervertido”.

PR: Así que eras diferentes personajes de la película.

MJ: Sólo de manera muy general y dispersa entre muchos personajes. Habrá un aspecto de mí misma que tome el camino en una sola dirección y el resultado es un tipo particular de hombre. Luego tomo otra parte mucho más ingenua de mí, que será ese niño. No es que esté haciendo esto conscientemente, aunque creo que es lo que hacen todos los escritores de ficción. De esta manera, tienes empatía incluso con tus peores personajes. O, en todo caso, se basan un poco en personas que conozco. Con esto no creo estar haciendo algo único. En términos del oficio mismo pienso que, en efecto, el cine y el performance influyen en la escritura de ficción y viceversa. No creo que mi escritura sea particularmente autobiográfica, pero todo es muy íntimo. Por ejemplo, The First Bad Man, este libro que acaba de salir. Tú y las diferentes personas que conozco y sé que lo han leído…, es totalmente embarazoso para mí. Estoy bien entre tantos extraños como sea posible que lo estén leyendo, pero esto ha sido un asunto privado durante años —y con todo ese material casi embarazoso—. Así que aún estoy aprendiendo a lidiar con esto, sobre todo tratándose de algo positivo cuando quien me dice que está leyendo mi libro es alguien que conozco. En realidad no quiero que mi papá lo lea, ¿sabes?

PR: Recientemente he estado leyendo a Anne Sexton y de cierta manera ella también es muy confesional. Luego lees otras facetas de su obra donde intenta hacer cosas diferentes y, entonces, retomas aquello donde habla de sí misma. Lo que quiero decir es que, precisamente, la mayoría de la gente lee porque quiere encontrar algo sobre sí misma.

MJ: No soy consciente mientras lo estoy haciendo. Incluso ahora. ¡Oh, Dios, no puedo creer que todo esto sea acerca de aquella relación que tuve y que realmente nunca resolví, pero la transcribí en este libro durante años sin siquiera pensar conscientemente en ella! Creo que ésta es la mejor manera de escribir, si encuentro cierta disposición que me permita ser curiosa acerca de los personajes sin pensar mucho de dónde procede todo. Y no soy una persona de tipo confesional… Tengo muchos amigos que son libros abiertos con el público, más confesionales en su escritura. En cambio, me gusta el velo sobre los personajes.

PR: Por supuesto. En esta alternancia entre tus películas, libros y obras de arte, ¿cómo organizas tus fases creativas?

MJ: Funciona como un ciclo, sólo lo hago girar. Ahora estoy comenzando a planear mi próxima película porque, si no lo hago, habrá pasado tanto tiempo que ya no llegaré a ser cineasta. Hay una parte adolescente de mí que piensa que eso quería hacer cuando fuera grande. Y aunque las cosas realmente se han ampliado desde entonces, no puedo perder ese pasado. Además, ser escritor cuando mis padres eran escritores y editores, de modo que ese deseo tiene un carácter profundo dentro de mí. Asimismo, el performance fue algo que me inventé siendo realmente joven; comencé a hacerlo en la secundaria. Y luego todas esas otras cosas que sólo son ideas que la mayoría de las veces no llevo a cabo a menos que reciba una invitación. Sabes, ésa es la diferencia entre mi carrera y la tuya en términos del mundo del arte. No puedo hacer algo íntegra y exclusivamente.

PR: Quizá una de las razones por las que la mayoría de los artistas continúan haciendo lo que hacen es que temen cierto castigo por abandonar ese algo.

MJ: Lo sé, lo sé. Mi esposo me decía a este respecto: “Realmente parecías disfrutar escribiendo la novela. Estabas muy feliz”. En cambio y por lo general, las películas son realmente miserables para mí.

PR: ¿Por la producción?

MJ: Sí, es más social de lo que realmente soy. No me gusta tener que someterme a las reglas del sindicato y esas cosas. Me rebelo contra el bastidor dentro del que tienes que trabajar; es muy incómodo para mí. He intentado reinventar la rueda, pero no vale la pena. Y él insiste: “Tal vez deberías ser escritora y tener una vida más agradable”. Pero eso es lo que hay y no sé si alguna vez mejorará, aunque uno ve a otras personas haciéndolo y piensas: “también quiero hacer eso”. Ahora estoy trabajando en un proyecto comisionado por ArtAngel en el Reino Unido. ¿Los conoces? Y si en ocasiones me siento aislada, en otras estoy muy incitada por lo que contemplo a mi alrededor. Veo una buena película y pienso: “quiero volver. Quiero hacer una buena película”. ¿Éste es un comentario horrible para terminar…?

PR: No sé si es una buena manera de terminar, pero quisiera tocar un tema más, quizá porque estoy interesado personalmente en la relación entre la maternidad y la profesión. ¿Qué edad tiene tu hijo?

MJ: Casi tres años. En su momento estuve muy consciente; pensé: voy a realizar esta película y después voy a quedar embarazada y voy a estar escribiendo un libro, así que no tengo que preocuparme por dejarlo. Al estar dirigiendo tienes que salir, lo que no pasa con un libro. Y eso fue bueno. Teniendo toda esta energía y pasar tanto tiempo con él queriendo irme a hacer lo mío y, entonces, también estaría echándolo de menos constantemente. Algunas cositas mezcladas con un día totalmente aburrido son lo mejor que me ha pasado. Es curioso, porque un día a solas con él me mata; sencillamente me estoy volviendo loca y me digo: “no, no quiero jugar más este juego”. Sin embargo, tras una tarde así terminamos cantando el alfabeto, frente con frente y con nuestros labios tocándose, y entonces pienso, “esto es realmente lo mejor que me ha sucedido”. Además, con este ser que amo tanto y que estaba dentro de mí. Olvídate del arte: nada es mejor que eso.

Así que es sólo la extraña yuxtaposición de estar atrapada y aburrida la que tiene que mejorar. Y a medida que crecen, mejora. Con tanta emoción, nuevos sentimientos y amor. Además, sentir que tengo algo en común con todas estas otras personas en el mundo, ¿sabes? Nunca he tenido algo tan básico y común con tantos tipos diferentes de personas como la maternidad. Eso es todo. Me estremezco al pensar en lo que habría pasado con mi carrera si no hubiera tenido un hijo. Realmente cambió mi sentido de ser humano, la mortalidad y el tiempo. Todo eso de lo que ya estaba consciente pero, en realidad, no había entendido plenamente hasta que tuve un hijo.

PR: Al trabajar con el tema de la infancia, ¿tus ideas tienen algo que ver con tus primeros videos sobre la relación entre un hermano pequeño y sus etapas? Los conocí en 2001 o algo así. Creo haberlos visto en VHS porque alguien me los mostró, o tengo ese vago recuerdo.

MJ: Es raro haber estado haciendo cosas sobre niños casi desde que era niña. Y ahora soy mamá. Sí, es extraño.

PR: Pero no sólo los niños, obviamente. Trabajas con ancianos y gente de todas las edades. Tienes un interés muy peculiar con las etapas de la vida.

MJ: Sí, supongo que es verdad. Mi edad particular y mi punto de partida nunca me parecieron lo más inspirador.

*A partir de este momento, se escucha música punk cada vez más fuerte y la conversación se vuelve inaudible*