GABINETE
CIMARRÓN

Texto: Abraham Cruzvillegas

Imágenes: Cortesía MUAC

¿Y con qué fin, toda esta dialéctica en la historia?

¿Para qué ir al paraíso estando muertos?

¿Para qué alcanzar la gloria estando vivos,

si la gloria está muy lejos de este huerto?

Todos juntos, afirman los que saben de distancias,

llegaremos al final de la estructura,

escultura de cadáver y concreto,

a posarnos al final de la cultura.

Hay también quien afirma que tan sólo es sufrimiento,

soportable nada más en el olvido,

que el que canta va buscando a algún sediento

para echarle encima su vaso vacío.

Yo no sé hasta dónde se resiente lo vivido,

pues saberlo es simplemente estar ya muerto.

Seguiré siempre cantando lo prohibido,

y gozando de los frutos de este huerto...

“El huerto”

Roberto González

1. Un hombre —Felipe Ehrenberg— dibuja con pintura en aerosol sobre el borde de las montañas de basura que crecen cotidianamente en volumen y en extensión sobre las banquetas londinenses durante la huelga de los trabajadores de la recolección de desechos de la ciudad. Los registros lineales se suceden bajo las bolsas de detritos que las tapan y que, una vez concluido el paro, se develan como un mapa abstracto de la acumulación que los londinenses vivieron esos días del año de 1970. La sucesión de eventos acarreados por aquella situación sindical y laboral, empujó al artista a salir a la calle y, como él mismo define, plantearse un ejercicio de creación que no necesariamente significaba la producción de una obra de arte. En los testimonios recogidos por Issa Benítez Dueñas en 2006 para Manchuria —la publicación elaborada a propósito de la primera gran retrospectiva del artista, concebida originalmente por Sol Henaro desde el Claustro de Sor Juana, y retomada en su organización por Mónica Gutiérrez y Fernando Llanos—, Ehrenberg puntualiza esta diferencia, que eventualmente marcará todo su trabajo, separando entre el arte y la creación, en el entendido de que ésta es en todo caso un proceso o varios, pero no tendría que ver obligatoriamente con el arte o con sus productos. Ocasionalmente, en cambio, recogió una serie de documentos —no de su actividad, sino de la acumulación de basura en las calles, que devino en la película La Poubelle, en la que se empalman también registros auditivos del artista y de los artistas que colaboraron en su realización, en los que abundan sobre la rapidez con la que los habitantes urbanos se adaptan a cualquier cosa, por monstruosa que ésta sea, como era el caso, omitiendo o ignorando sus causas y consecuencias económicas y políticas—. En A Date with Fate at The Tate, otro proyecto realizado en aquella temporada que Felipe vivió en el Reino Unido, Ehrenberg acude a una galería con una capucha y con una grabadora de sonido, pretendiendo entrar a ver la exposición en turno; registra toda la discusión con los guardias y encargados del acceso y de la seguridad del sitio, al que accede en algún momento, después de la escaramuza que le impedía entrar con el rostro cubierto. Esa grabación, sin pretenderlo originalmente, fue adquirida por la misma institución como parte de sus colecciones. En Inglaterra también, Ehrenberg, con Martha Hellion, su entonces pareja y madre de sus primeros hija e hijo, funda (también con David Mayor, Chris Welch y Madeleine Gallard) Beau Geste Press, una iniciativa editorial autónoma, con espíritu fluxista; su estancia británica, debida sobre todo a la necesidad de mantenerse al margen de la violencia que desde entonces se hizo sistemática en México, en contra de cualquier señal de divergencia política, orquestada desde las entrañas del Estado y sus instancias represivas, derivó en prácticas y discursos ulteriores, asociados al uso de recursos accesibles de reproducción, como el mimeógrafo, el servicio postal y el telégrafo, anticipando el acceso a estructuras y medios que se llaman globales, como la world wide web y los dispositivos portátiles, hoy disponibles en el bolsillo del ciudadano de a pie, pero siempre con un énfasis que tiene que verse en retrospectiva en su dimensión crítica, tanto al recurso en sí mismo, llevándolo a un grado de subversión, nunca exento de humor, como tal vez opera la caricatura o el cartel políticos, como al mensaje, dislocado del didactismo panfletario de la propaganda de cualquier época. Su participación en el colectivo de artistas Proceso Pentágono, originalmente compuesto con Carlos Finck, José Antonio Hernández Amezcua y Víctor Muñoz, y luego también con Rowena Morales y Lourdes Grobet, Carlos Aguirre y Miguel Ehrenberg, también da fe de su voluntad transformadora de los lenguajes, herramientas y plataformas del arte, deliberadamente empapadas de un discurso politizado, en una sociedad en crisis permanente.

(...) Ehrenberg acude a una galería con una capucha y con una grabadora de sonido, pretendiendo entrar a ver la exposición en turno; registra toda la discusión con los guardias y encargados del acceso y de la seguridad del sitio, al que accede en algún momento, después de la escaramuza que le impedía entrar con el rostro cubierto.

2. Felipe Ehrenberg es ese tipo de persona de quien jamás imaginé que algún día iba a morir. Hace unos días lo hizo; sin lograrlo, esperaba visitarlo pronto en la casa del estado de Morelos que compartió con su amada Lourdes Hernández Fuentes, la maestra de primaria que conoció durante aquellos años que pasó en Tepito (ella visitaba el barrio y al artista, con un grupo de niños de la escuela donde laboraba, en la temporada posterior al terremoto que en 1985 devastó una buena parte de la ciudad de México, incluyendo aquella zona, en la que Felipe —con los vecinos— armó el campamento que se llamó Centro de Enlace Díaz de León/Tepito Indómito), y con quien cocinó, viajó y compartió años felices en Chicago, la Portales y São Paulo. Había quedado de llevarle una publicación universitaria editada a propósito de una muestra colectiva en la que habían incluido obras de ambos; en palabras del funcionario que nos avisó de la existencia del catálogo, el museo no disponía de recursos para hacer llegar un ejemplar a los participantes. Enfurecido, Felipe logró finalmente que se lo enviaran, después de algunas misivas electrónicas cargadas de ironía y sarcasmo, del humor que lo caracterizó siempre, en su vínculo con el ámbito institucional, incluso desde dentro, como cuando fue agregado cultural de la oficina de la embajada mexicana en Brasil. O como cuando fue candidato a diputado por el Partido Socialista Unificado de México: su lema era “Vote Bigote”.

Cuando fue candidato a diputado por el Partido Socialista Unificado de México: su lema era “Vote Bigote”.

3. Ehrenberg daba un curso —para el que redactó un libro que se hizo pedagogía popular entre artistas en una época en que el mercado del arte era prácticamente inexistente para lo que hoy conocemos como arte contemporáneo— que se llamaba “El arte de vivir del arte”. De lo mejor de sus lecciones era la contingencia real de generar estructuras económicas, si no de subsistencia, sí de cierto ideal en el que el arte se hace accesible para todos, sin incurrir en demagogismos paternalistas: ponía como ejemplo sus intercambios con los vecinos de su colonia, en aquel caso de nuevo su bienamado Tepito, en donde en el trueque, él recibía algún servicio o producto a cambio de su trabajo como artista, pintando el rótulo de la pollería del mercado, decorando el Volkswagen del mecánico, diseñando un folleto o un volante, haciendo una imagen para el altar de la esquina, estrategia ideológica para prevenir la acumulación de basura en la calle, el uso del mismo sitio como mingitorio público, o bien simplemente para imponer cierto margen de tranquilidad en el lugar que se vuelve respetable por la representación que la corona, en un pacto tácito con la comunidad, un guiño de ojo. Felipe reclamaba la posibilidad de una horizontalidad social en la que los artistas no son seres extraordinarios sino ciudadanos, prójimos, en el mejor sentido de la palabra. Su amigo tepiteño Radaíd —a quien apodaban El Radio Ahí— entendió la dinámica haciéndola propia, cristalizando lo que se describe a veces como utopía, pero que deja de serlo cuando sucede, trabajando en su barrio, asumiendo antes que nada que era un artista y que pertenecía a su entorno, sin aspavientos ni protagonismos. Chocaban las palmas de sus peculiares manos con sonoridad orgullosa y cálida: como todos saben, Felipe había tatuado el reverso de su mano con motivos que recordaban sus falanges, falanginas y falangetas, y los dedos de Radaíd estaban unidos por membranas similares a las de las extremidades de los palmípedos, a sus patas. Probablemente los modos celebratorios también eran parte del trato, trocando en ese tequio fresco y espontáneo actitudes, usos y costumbres. Una vez, radiante de ver a su amigo Dick Higgins en el museo Ex Teresa, tal vez después de alguna jornada del festival de performance, lo invitó a festejar rayando coches con las llaves de su casa, estacionados en las calles aledañas al lugar del evento. Dibujaron una larga línea que en vez de añadir sustraía (laca automotiva), evidencia de la felicidad y la complicidad chocarrera y festiva de Felipe. Seguramente concluyeron la conmemoración degustando la moqueca famosa de La Cocinera Atrevida que tanto le gustaba.

Felipe reclamaba la posibilidad de una horizontalidad social en la que los artistas no son seres extraordinarios sino ciudadanos, prójimos, en el mejor sentido de la palabra.

Beau Geste Press. Libro Acción Libre / Beau Geste Press, 1974.

Impresión offset s/papel. Fondo Felipe Ehrenberg. Centro de Documentación Arkheia, MUAC – UNAM

Guadalupe Santos (director), Felipe Ehrenberg (coordinador). Del azadón al mimeógrafo, núm. 1, 1987. Revista de edición limitada. Fondo Felipe Ehrenberg. Centro de Documentación Arkheia, MUAC – UNAM

Autor no identificado. Fotografía en blanco y negro del barrio de Tepito luego del terremoto de septiembre de 1985. Impresión B/N s/papel fotográfico. Fondo Felipe Ehrenberg. Centro de Documentación Arkheia, MUAC – UNAM.

Autor no identificado. Fotografía a color de pintas en muros, campaña electoral de Felipe Ehrenberg para diputados del distrito 36 por el PSUM ca. 1982. Impresión a color s/papel fotográfico. Fondo Felipe Ehrenberg. Centro de Documentación Arkheia, MUAC – UNAM.

Felipe Ehrenberg. Edición Postal.  Identimagen #002  (envíos Julio 1982). Impresión serigrafía. Fondo Felipe Ehrenberg. Centro de Documentación Arkheia, MUAC – UNAM.

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Aclaración posterior

La idea de hacer una retrospectiva de Felipe Ehrenberg efectivamente fue de Sol Henaro, pero desde un principio Felipe solicitó que la curaduría la realizara yo. No fue “retomada", fue desarrollada en su totalidad por mi persona y por encargo del artista, por supuesto en completa complicidad con Ehrenberg, y de la mano de multiples aliados, entre ellos por supuesto Sol Henaro.

La retrospectiva de Ehrenberg “Manchuria" se presentó en cinco ciudades de tres países. Mónica Gutiérrez solo nos ayudó a presentarla en Monterrey, gestionando el acercamiento con la Universidad y solucionando algunas cosas de logística, sin embargo nunca me pagó los honorarios que acordamos por la curaduría y desapareció con varias obras de Felipe Ehrenberg que supuestamente iba a vender. De eso hace casi una década, y hasta la fecha no ha regresado las llamadas, contestado los correos, ni devuelto las obras que se llevó. Ojalá está publicación nos ayude a encontrarla para que salde su adeudo y regrese las piezas o entrega las ganancias de las ventas.

Fernando Llanos 

[email protected]