GABINETE
Max Cetto y su hotel en Michoacán

Texto: Daniel Garza Usabiaga

Imágenes: Archivo

Las ruinas del Hotel San José Purúa se pueden encontrar en Jungapeo, Michoacán. Esta obra, actualmente abandonada, fue construida entre 1939 y 1940 por Jorge Rubio y Max Cetto, un arquitecto alemán en el exilio recién afincado en el país. San José Purúa es una obra considerada por muchos especialistas como pionera, en más de un sentido, en la historia de la arquitectura moderna en México, principalmente en lo que respecta al desarrollo de una propuesta orgánica de construcción. En su proyecto original contaba con un área de hotel y otra de balneario público, con dos grandes albercas.

La construcción es históricamente relevante más allá de su arquitectura. Fue también uno de los primeros casos exitosos de inserción de México en la industria del turismo internacional, algo que se logró a partir de ciertas medidas implementadas por el gobierno cardenista durante ese periodo. En otras palabras, San José Purúa fue un resort de estatura global una década antes de que Acapulco comenzara a urbanizarse como una ciudad pensada para el turismo.

Miles de personas visitaron este sitio durante las más de cuatro décadas que estuvo operando. Luis Buñuel era un huésped recurrente del hotel, famoso por sus aguas con propiedades medicinales, ricas en litio, entre otros minerales. En un punto de su autobiografía, el director de cine menciona:

“Para escribir un guión, viajaba al bello spa de aguas termales de San José Purúa en Michoacán, un refugio paradisiaco en una cañada semitropical, donde eventualmente terminé veinte escenarios. Camiones repletos de turistas de Estados Unidos llegaban regularmente para disfrutar 24 horas sublimes para tomar baños radioactivos y, en conjunto, beber la misma agua mineral, seguido de los mismos daiquiris y las mismas cenas elegantes”.1

En estas líneas, Buñuel hace explicita la popularidad internacional del sitio y además demuestra su aprecio por la arquitectura del hotel. Buñuel contaba con un interés especial y especulaba a través de la arquitectura. En sus películas se demuestra esto. En Él (1953), por ejemplo, establece un puente entre la psique del personaje principal (interpretado por Arturo de Córdova) y la casa art nouveau en la que vive, desde la teoría surrealista, formulada por Salvador Dalí, sobre este estilo de decoración y arquitectura. En otro momento de su autobiografía, Buñuel subraya la integración de la construcción con la naturaleza que se da en el hotel, principalmente al hablar de la arquitectura del bar (su lugar favorito), determinada en gran parte por la presencia de una ziranda, y con un enorme ventanal que lo volvía un mirador para ver el paisaje entre las copas de los árboles.

Teniendo en mente lo anterior, se puede entender que el mayor mérito histórico que se concede al Hotel San José Purúa es ser visto como el primer caso de una arquitectura orgánica en México al presentar una nueva relación y sensibilidad de la construcción dentro del contexto natural, integrándose a él y aprovechando al máximo sus características. Poco antes de comenzar este proyecto, Rubio regresó a México después de realizar un posgrado en los Estados Unidos, donde las ideas sobre una arquitectura orgánica eran ya un asunto vigente. Cetto, por otro lado, antes de establecerse en México, pasó una breve temporada en California donde conoció a Frank Lloyd Wright y trabajó con Neutra. Sin duda, esta suma de circunstancias pudo contribuir en la propuesta orgánica del hotel. El diseño del proyecto en el sitio es estratégico. La construcción, en su conjunto, sirve como mirador hacia una impactante cañada mientras que, a sus espaldas, se levanta una enorme muralla natural de roca que cuenta con una caída de agua. Según se comenta, Cetto trazó con cal el perímetro de las construcciones del hotel respetando la vegetación y los accidentes del terreno, entre otras cuestiones. De esta manera, también pudo aprovechar la presencia de ciertos elementos naturales para crear soluciones arquitectónicas originales, integrando de manera inusitada construcción y naturaleza. Un ejemplo de esto se puede ver en el caso del bar, donde un árbol con formas sugerentes se vuelve un elemento activo en la experiencia del espacio. El diseño estratégico sobre el terreno también procuró que constantemente se ofrecieran vistas hacia el paisaje circundante. No sólo el hotel es una especie de gran mirador hacia la cañada; también el bar y el restaurante del hotel, los grandes ventanales del lobby, así como los puentes que conectaban las habitaciones y que ofrecían puntos desde donde ver el paisaje, la naturaleza, las caídas de agua.

Se puede entender que el mayor mérito histórico que se concede al Hotel San José Purúa es ser visto como el primer caso de una arquitectura orgánica en México al presentar una nueva relación y sensibilidad de la construcción dentro del contexto natural, integrándose a él y aprovechando al máximo sus características.

El tema de la arquitectura orgánica también se presta para discutir las formas de la naturaleza desde una perspectiva expresionista. Este asunto es particularmente relevante en el caso de Cetto, quien, antes de verse obligado a dejar la Alemania nazi por sus convicciones políticas, trabajó en el despacho del arquitecto Hans Poelzig. En Cetto, la arquitectura orgánica se nutre de una sensibilidad expresionista hacia los materiales, las formas o las soluciones. En este sentido, como señala Susanne Dussel, la escalera helicoidal en Cetto se puede relacionar con la forma de la concha. El arquitecto hizo de la escalera de caracol una de sus especialidades y rasgo distintivo de su producción. En muchos de sus proyectos ocupa un lugar protagónico, y en algunos casos, como en San José Purúa, jugó un papel preponderante en la articulación de la arquitectura. Cetto generalmente utilizó piedra para este tipo de escaleras. Éstas, comenta Dussel, “serán de piedra aparente, demostrando que provienen de la tierra, pero penden con tal ligereza, que proponen un movimiento ascensional casi inmaterial”.2 La originalidad plástica de las soluciones que el arquitecto dio a cada escalera es destacable, como se puede ver por ejemplo en la de su propia casa en la calle de Agua (1949) o en la de la Casa Quintana en Tequesquitengo (1940).     

San José Purúa también es recordado como pionero en cuanto a su propuesta regional de arquitectura. Rubio y Cetto utilizaron piedra y madera local, techos de teja y recurrieron a aplanados blancos y rugosos en muchas de las construcciones. Esto daba una apariencia vernácula a las construcciones, emulando el acabado rústico presente en la arquitectura local. Además de las soluciones y materiales de acento regional, la presencia de la piedra requiere una mención aparte. En San José Purúa es preponderante, ya sea como elemento estructural o aparente. La construcción se integraba así al terreno, como si los muros o las columnas se levantaran naturalmente, orgánicamente, del piso. En este sentido, San José Purúa fue uno de los primeros proyectos de arquitectura moderna en México en formular una nueva tectónica pétrea que, por distintas razones, encontró gran resonancia una década más tarde y que es apreciable en proyectos como la urbanización de Jardines del Pedregal, muchas de las residencias que se construyeron ahí (como la casa particular de Cetto, que fue la primera en este fraccionamiento), o algunos edificios de Ciudad Universitaria, entre muchos otros ejemplos posibles.

San José Purúa fue uno de los primeros proyectos de arquitectura moderna en México en formular una nueva tectónica pétrea que encontró gran resonancia una década más tarde y que es apreciable en proyectos como la urbanización de Jardines del Pedregal.

Otro rasgo original de la propuesta arquitectónica de San José Purúa es lo que Dussel denomina sorpresa controlada; algo particular de la obra de Cetto, en línea con su sensibilidad expresionista moderna.3 Estos momentos inusitados de asombro y descubrimiento pueden encontrarse, por ejemplo, en la repentina apertura de una vista al paisaje dentro de un corredor que parecía completamente cerrado o en el encuentro imprevisto con una gran roca integrada a un muro con un aplanado blanco (una solución que anticipa la integración de la piedra volcánica con la arquitectura de la “Casa muestra” de Jardines del Pedregal, construida por Cetto y Luis Barragán en 1950). Sin duda, una de las sorpresas controladas más memorables del conjunto es el arco de acceso a los terrenos del hotel. Ubicado en el camino de entrada al conjunto, este arco se transita en automóvil. La estructura esconde una caída de agua que no puede verse frontalmente. Al cruzar el arco, se escucha de manera inesperada la precipitación del líquido. Este arco de acceso y su efecto sonoro funcionan prácticamente como un umbral que marca el punto de entrada a un espacio que estaba determinado por el agua, los baños y el bienestar.

Como se ha mencionado, la popularidad de San José Purúa fue amplia y se extendió hasta los años 80. Como consecuencia de esto, el proyecto original de Rubio y Cetto sufrió cambios, modificaciones y agregados con el fin de satisfacer la demanda de nuevos usuarios, y adaptándose a las condiciones cambiantes de la industria del turismo durante varias décadas. Con el tiempo se construyeron, por ejemplo, más habitaciones, un teatro/cine, un salón de juegos que incluía líneas de boliche, un restaurante y centro nocturno panorámico sobre la cañada que aprovechaba una fuente natural de agua como parte de la decoración interior. Estas construcciones, aunque realizadas por distintos arquitectos, siguieron el modelo desarrollado originalmente por Rubio y Cetto, logrando cierta unidad con el conjunto. El caso del restaurante y centro nocturno, ilustra esto a la perfección: era un mirador flotando sobre la cañada que en el interior integró una especie de espacio cavernoso, con una caída de agua, utilizando un elaborado y llamativo piso de mosaico y piedras.

San José Purúa fue puesto a la venta en los años 90 y fue adquirido por un grupo hotelero internacional que modificó el área del hotel irreparablemente. Aumentó el número de cuartos sustituyendo materiales locales por productos industriales como tablarroca. Siguiendo la apariencia de la arquitectura de Rubio y Cetto se decidió, por ejemplo, emular la presencia de la rocas. Con este fin, el concreto se texturizó y se pintó. Esto creó una relación muy particular entre las dos construcciones, donde la segunda parece una escenografía de la primera. Prácticamente terminado y listo para albergar a huéspedes, el nuevo hotel nunca pudo ser inaugurado. Se abandonó y, gradualmente, fue saqueado. No obstante, el balneario público sigue funcionando. Cetto y Rubio diseñaron un ingenioso sistema de flujo de agua en las albercas que garantiza que el líquido no se estanque. El balneario es, además, el espacio que sobrevive en el conjunto que conserva, de manera más fiel, el diseño original de 1940 con su gran alberca de forma rectangular y otra con solución orgánica o biomórfica. Es, también, el mejor mirador del conjunto, una plancha horizontal que permite, por un lado, ver la cañada y, a espaldas, una dramática caída de agua.

San José Purúa actualmente puede ser visto como una ruina de arquitectura moderna en medio de la vegetación tropical. La tectónica moderna de la piedra le concede este estatus a la arquitectura original del hotel, diseñado por Cetto y Rubio. Los restos de esta construcción señalan un momento histórico distinto que contrasta fuertemente con el presente del país y, en particular, de la región.

San José Purúa fue puesto a la venta en los años 90 y fue adquirido por un grupo hotelero internacional que modificó el área del hotel irreparablemente.

1. Luis Buñuel, My Last Sight, Minneapolis: University of Minnesota Press, 2003, p. 198.