La Ciudad de México y las formas de hacer ciudad

Texto: Edgar López Navarrete

Imágenes : Gabriel Bátiz

La Ciudad de México creció exponencialmente durante las primeras décadas del siglo xx, dando lugar a diferentes formas de hacer ciudad. En este artículo, exploraremos tres ejemplos diferentes.

Guerrero

La colonia Guerrero fue una de las primeras colonias en fraccionarse, a finales del siglo xix. El señor Martínez de la Torre adquirió los terrenos en 1872 y los fraccionó, continuando la traza proveniente del centro de la ciudad. Este tipo de extensión es denominada ensanche, y la colonia Guerrero fue el único proyecto urbano de este tipo ejecutado en la Ciudad de México, ya que las otras primeras colonias fueron consideradas suburbanas.

Antes de fraccionarse la colonia Guerrero, ya existían algunos edificios importantes, como el convento de San Fernando, el convento de San Hipólito, la iglesia de Santa María la Redonda y el panteón de Santa Paula. La colonia Guerrero alojó a todo tipo de construcciones y clases sociales en sus calles, desde vecindades, casas medianas y casas de personajes notables de la época, como la residencia de Antonio Rivas Mercado, el arquitecto de la Columna de la Independencia y del Teatro Juárez en Guanajuato; la casa del diplomático Joaquín Casasús y la espectacular casa con interiores art nouveau de la familia Requena, hoy en ruinas a espaldas del Museo Franz Mayer. En la misma calle de la Santa Veracruz, vivió durante varios años, entre sus exilios y retornos, el Seductor de la Patria, Antonio López de Santa Anna, quien haría una enorme ceremonia para enterrar su pierna en el antes mencionado panteón de Santa Paula.

La colonia vivió un deterioro a partir de la Revolución mexicana, mismo que se acentuó con la creación de los ejes viales y la extensión del Paseo de la Reforma. La Guerrero también fue una de las colonias más afectadas por el sismo de 1985, debido al deterioro de sus inmuebles, en parte generado por el decreto Nacional de Rentas Congeladas, concedido por el presidente Manuel Ávila Camacho en el año de 1941.

Durante varios años, la Guerrero fue considerada como una zona peligrosa. Hoy en día es una de las colonias con más carácter y tradiciones de la Ciudad de México: de sus cantinas nació la fama de Paquita la del Barrio; sus calles fueron inspiración plasmada en las telenovelas de Yolanda Vargas Dulché, quien también creció aquí, así como la gran cantante de ópera Ángela Peralta.

En la Guerrero es recomendable visitar el panteón de San Fernando, donde se encuentran enterrados Benito Juárez y otros personajes relevantes de la historia de México. Después se puede caminar por su arcada exterior, y observar la original escuela de pintura La Esmeralda.

La Escuela del Ballet Folklórico de México, proyecto de Agustín Hernández, es un monolito de travertino que evoca el lenguaje prehispánico, y se levanta en la calle de Violeta, en la cual fueron pintadas hace un par de años todas sus construcciones en color morado y lila, esto último, por ocurrencia de algún funcionario de la delegación Cuauhtémoc.

Para darse una idea del tipo de casas que existieron en los años de esplendor de la colonia, se puede visitar la recién restaurada Casa Rivas Mercado. También imperdible, el Salón Los Ángeles, donde muchos, muchísimos jóvenes, desde 1937 hasta la actualidad, aprendieron el arte del baile, el del cortejo y, muy probablemente, el de la seducción.

Azcapotzalco

Hacia finales del siglo xix, el crecimiento de la red ferroviaria agilizó los traslados a lo largo y ancho de todo el país, lo que benefició a la Villa de Azcapotzalco, con la construcción de la línea de ferrocarril que iba hacía Cuautitlán, así como la red de tranvía que comunicaba Azcapotzalco con Tacuba y con la Villa de Guadalupe. Este nexo potenció la construcción de casas de campo, habitadas principalmente en las épocas vacacionales de verano e invierno. Durante esta época se consideraba igual de prestigioso tener una casa de campo en Azcapotzalco que en San Ángel, o en Mixcoac, y el presidente Díaz tuvo un especial cariño por este poblado, que fue nombrado oficialmente Azcapotzalco de Porfirio Díaz.

La vida campestre-urbana de México fue plasmada por Manuel Payno en sus relatos sobre los veranos en Tacubaya y San Ángel, así como por madame Calderón de la Barca en sus crónicas de La vida en México. Lamentablemente, la hermosa Villa de Azcapotzalco sufrió grandes cambios durante el siglo xx, ya que, ante la política de salida de las fábricas de las zonas centrales de la ciudad, fue decretada como la Zona Industrial Vallejo en el año de 1944 por el presidente Manuel Ávila Camacho. Este decreto convirtió cientos de hectáreas de cultivo en fábricas y bodegas, y dio paso a tráileres y otros vehículos de carga, lo cual implicó otra lógica en la configuración de las calles, haciéndolas anchas, extremadamente largas para caminar con facilidad y desoladas durante la noche, al solo poder ser utilizadas por giros industriales. El carácter campestre de la zona también fue modificado por la aparición de una refinería, hoy recuperada y convertida en el espectacular Parque Bicentenario.

Vale la pena caminar por el centro de Azcapotzalco para visitar su maravilloso mercado con cubiertas de concreto hechas por Félix Candela; pasear por el parque Azcapotzalco y entrar al convento de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago el Menor, para contemplar sus bellas arcadas y los vitrales hechos por Mathias Goeritz en el interior de la parroquia.

A principios de los años 20, la colonia Chapultepec Heights fue fraccionada en parte de los terrenos de la Hacienda de los Morales

Lomas

En 1898, el inglés Ebenezer Howard publicó su obra To-morrow: A Peaceful Path to Real Reform, reescrita cuatro años más tarde como Garden Cities of To-morrow. En este libro se establecieron los principios del proyecto de Howard, el cual, más que un proyecto formal, planteaba una utopía de autosustentabilidad, así como un renacer social y moral, basado en la vida en un espacio en gran contacto con la naturaleza y lejos del caos, la insalubridad y la corrupción de las ciudades.

Las ideas de Howard serían de enorme influencia para la forma en la que se establecerían los asentamientos humanos del siglo xx alrededor de todo el mundo, sobre todo los fraccionamientos suburbanos: México, por supuesto, no quedaría exento.

A principios de los años 20, la colonia Chapultepec Heights fue fraccionada en parte de los terrenos de la Hacienda de los Morales. En uno de los anuncios de venta, se promovía como la primera ciudad jardín de México, con una urbanización perfecta, aire puro y suelo firme, y el bosque como jardín. Chapultepec Heights cambiaría su nombre a Lomas de Chapultepec debido al decreto presidencial de Plutarco Elías Calles, quien dictó que no podría haber rótulos, letreros o anuncios con nombres extranjeros.

El trazo del fraccionamiento fue hecho por el genial arquitecto y diseñador urbano José Luis Cuevas Pietrasanta, quien también diseñó la colonia Hipódromo. El trazo de las Lomas se aprovechó de las pendientes naturales del relieve, y también incluyó dentro de su traza espectaculares barrancas, que fueron atravesadas por puentes de estilo colonial californiano. Esta colonia sería también el lugar ideal para que la arquitectura moderna se manifestara, siendo construidas magníficas casas por arquitectos como Mario Pani, Vladimir Kaspé, Juan Sordo Madaleno, por mencionar solamente algunos ejemplos.

El trazo del fraccionamiento fue hecho por el genial arquitecto y diseñador urbano José Luis Cuevas Pietrasanta, quien también diseñó la colonia Hipódromo.

Las Lomas hoy en día sigue siendo una de las colonias más afamadas y bellas de México. Se puede caminar por las calles de Alpes y Sierra Nevada, cerca de la calle de Explanada, ya que en esta zona se conservan algunas de las primeras casas del fraccionamiento, y nos pueden dar una idea de cómo era ese México de los años 20. En el comienzo de Paseo de La Reforma también quedan varias enormes y espectaculares casas de estilo colonial californiano. Igualmente, se puede visitar el parque de la Barranca de Barrilaco y la iglesia brutalista de San José de las Palmas, así como la Christ Church, proyecto poético del gran arquitecto Carlos Mijares Bracho.

El ordenamiento urbano refleja el camino de proyecto social al que se quiere aspirar. Primero estudiamos el caso de la Guerrero que, sin ninguna pretensión estética o ideal, continuó la ciudad existente. Después Azcapotzalco, que pasó de ser una gran villa agrícola, a convertirse en un importante sitio para el desarrollo industrial de la Ciudad de México durante el siglo xx. Las Lomas, a pesar de tener detrás un paradigma como el de “garden city”, no pasarían de ser algo más allá de una colonia habitacional más de la Ciudad de México, a pesar de su trazo prodigioso y su gran arquitectura.

El paradigma que existe hoy en nuestra forma de hacer ciudad es el de gated community: grandes fraccionamientos cerrados, de usos exclusivamente habitacionales, con áreas comunes para uso exclusivo de los residentes. Este mismo modelo se ve plasmado en los condominios verticales de cientos de departamentos con vastas áreas comunes. En parte ligado al alza de la inseguridad, este modelo de ciudad genera aislamiento, desconexión con la realidad social y, sobre todo, provoca el rompimiento de las relaciones humanas que siempre existieron en las ciudades. Los contactos calle-hombre, caminante-paramento y vitrina-paseante (por evocar a Walter Benjamin), permitieron y fomentaron la creación del mundo moderno. Si bien existen proyectos y planes en varias colonias de la ciudad que promueven la vida de barrio, las caminatas y lo local como modo de vida, la tendencia —al menos en el caso mexicano— es la de vivir confinados.

El último gran cambio de paradigma que la humanidad vivió en términos de ciudad es el que ideó Le Corbusier en el siglo xx. Sin embargo, el siglo xxi nos presenta cambios de enorme velocidad. Actualmente, las formas de hacer ciudad no solo dependen de los planeadores urbanos y arquitectos, sino de los desarrolladores inmobiliarios y los intereses económicos, principalmente ligados al valor del suelo y los bienes inmuebles.