PLAYGROUNDS DEL MÉXICO MODERNO EL JUEGO AFUERA

Texto :  Aldo Solano Rojas

Si, como muchos han hecho, nos ponemos a pensar en el espacio público y sus diversas implicaciones, podríamos pasar una vida entera tratando de definirlo. Para algunos es el espacio entre los edificios, en donde suceden todo tipo de relaciones interpersonales, desde saludar al vecino, encontrarte un amigo o simplemente escuchar y ver a los demás.

Otros sostienen que es un espacio de activo encuentro de opiniones, en donde se desenvuelve el verdadero ejercicio democrático de diálogo y discusión entre civiles; algunos teóricos más pesimistas dicen que es un espacio de observación y control del aparato del Estado bajo la simulación de libertad que sólo son licencias de comportamiento temporales. Otros se ahorran problemas y dicen que el espacio público es todo lo que no es adentro (de lo construido o de una propiedad).

Algo que podemos sostener contundentemente es que el espacio público no es para todos y nunca lo ha sido. La escala de las ciudades y (casi) todo lo que las equipa está hecho obedeciendo a las proporciones de un humano adulto: bancas, farolas, semáforos, aceras; sólo pequeños lotes dentro de estos espacios están pensados o mal pensados para el usuario niño.

Históricamente, el niño ha tenido que ser una y otra vez reivindicado por teóricos, arquitectos y pedagogos; el niño no es un ciudadano y no produce, el niño no posee su propio dinero ni su propia voz, por lo que apenas se le considera en el gran proyecto universal que es la ciudad.

El niño no es un ciudadano y no produce, el niño no posee su propio dinero ni su propia voz

Sólo en contados capítulos de la historia el niño empezó a ser tratado como parte activa de la sociedad. En México, en la década de 1930, por ejemplo, en aras de construir un nuevo ciudadano nacionalista, moderno y lejano de la violencia de la guerra y de la superstición rural, se organizaron congresos de niños: con inspiración anarquista, se empoderaba a los estudiantes de escuelas primarias y secundarias a autogobernarse y organizarse, a exigirle al gobierno lo que consideraran relevante e incluso a la comunicación con otros congresos y escuelas del país; el más notable y de varias ediciones fue el Congreso del Niño Proletario. Además, se convocó a artistas e intelectuales a participar directamente de importantes programas educativos que inculcaban la ideología vigente y promovida por el Estado en ese momento, desde teatro guiñol itinerante con contenido altamente socialista, hasta los programas de radio estridentistas que convocaban a la tecnología y a la modernidad a los niños, iluminando con fuertes bombillas eléctricas los oscuros campos de la ignorancia rural.

Desde la máquina ideológica del país llamada la Secretaría de Educación Pública, se promovió una importante cantidad de programas, publicaciones y estrategias educativas en escuelas y periódicos, concursos de dibujo, etcétera que tardarían casi 30 años en decantarse a casi la totalidad del país y en materializarse; los aparatos de juego, zonas infantiles o playgrounds por su palabra en inglés, no empezaron a inundar el territorio nacional sino hasta la década de 1960. El primer gran programa de producción masiva de mobiliario urbano infantil fue el de los animales de concreto promovido por el Instituto Nacional de Protección a la Infancia (inpi), el gran clásico de clásicos que toda una nación recuerda, un misterioso diseño robado al artista por la institución. Estos animales empezaron a poblar todos los parques públicos con zonas infantiles de México, desde Baja California hasta Yucatán: el zoológico de concreto era intensamente usado por los niños. También en los 60 los niños jugaban en el sueño modernizador de México: en el Centro Urbano Nonoalco Tlatelolco de 1964, el gran cohete con múltiples resbaladillas era el foco de atención de los habitantes de uno de los más ambiciosos proyectos de vivienda del mundo. En Guadalajara, arquitectos locales experimentaban con el brutalismo aplicado a esculturas-juego, o con aparatos lúdicos multifunciones: laberinto-trepadero-plataforma. Los artistas no dejaron de colaborar en esta nueva tipología arquitectónica, aún brumosa y con un pie en el diseño industrial y en el paisajismo; la arquitectura emocional, el cinetismo, la abstracción y hasta el diseño gráfico empezaron a manifestarse en el diseño de mobiliario urbano infantil: pirámides participativas, chapulines de concreto y beisbolistas que tragaban bolas empezaron a sinergizar no sólo con los programas públicos, sino también con empresas privadas y corporaciones públicas, involucrando a casi toda la esfera artística e intelectual.

Los artistas no dejaron de colaborar en esta nueva tipología arquitectónica, aún brumosa y con un pie en el diseño industrial y en el paisajismo

El siglo xx vio nacer la idea de playground como una zona destinada al juego de los niños, mantenida por el gobierno y en medio del espacio público; en un inicio su construcción fue motivada por preocupaciones burguesas, respuesta a la migración y al hacinamiento de las ciudades; posteriormente, esta tipología se iría sofisticando, e incluso llegó a tener tintes electoreros y publicitarios, garantía última de la renovación de espacios públicos por parte del Estado. En México, la intención oficial de construir a un nuevo ciudadano lejano de los vicios del pasado cobró gran importancia al aplicarse a los aparatos de juego. Hoy los playgrounds se siguen haciendo, aunque menos personalizados y más bien importados de China y fabricados en serie, uniformando así al mundo entero, y en muchas ocasiones estos juegos plásticos han significado la destrucción de los playgrounds de la modernidad; en México, esto es el pan de cada día.

Playgrounds del México Moderno/Playgrounds of Modern Mexico del historiador del arte Aldo Solano Rojas es la primera publicación que cataloga y estudia el mobiliario urbano infantil y su relación con el movimiento moderno y de integración plástica, así como con los artistas y los programas oficiales en nuestro país. Se presentará en septiembre de 2018. Esta publicación fue posible gracias al generoso apoyo de Fundación Jumex Arte Contemporáneo.